En cien años no habrá soledad: el rol de BioFinCas en favor de la Biodiversidad

Escrito por: Franz Gomez-Soto, Senior Vice presidente de Fundación Capital.

En un mundo dominado por el monocultivo y la urgencia del corto plazo, el Proyecto Biofincas propone un giro radical: demostrar con evidencia que proteger la biodiversidad no solo es vital para el planeta, sino también rentable para las finanzas y el propio futuro de la humanidad. 

En menos de cien años todas las fincas serán biofincas. Las que no lo sean, simplemente no podrá vender sus productos en el mercado: se habrán extinguido por decisión o por obligación. La conciencia sobre un planeta sano ya no estará en entredicho y tampoco será titular en los periódicos; todos habremos tomado conciencia sobre la necesidad de que nuestras acciones estén alineadas con la protección del medio ambiente. 

Sin embargo, hoy el proyecto Biofincas se presenta como un pionero: una pequeña nave en el océano con un claro objetivo, aunque aún en búsqueda de un puerto donde encallar. 

Aunque pueda parecer que el Proyecto está solo y que su discurso no tiene eco, cada vez somos más quienes empezamos a transitar un camino que no es fácil pero que es inevitable: pasar del monocultivo destructor de biodiversidad hacia su origen mismo, la vida diversa que lo sostiene todo. La resistencia al cambio, la inercia y los incentivos económicos a corto plazo, que miran con miopía y tan solo ven imágenes borrosas, configuran un panorama que nos condena a la máxima extracción posible en el corto plazo, a la continua degradación del suelo y al “pan para hoy, hambre para mañana”. En el largo plazo, la única certeza es que, sin un cambio profundo, realmente todos estaremos muertos. Nunca Keynes estuvo más acertado que ahora. 

El Proyecto Biofincas tiene el difícil rol de romper la inercia. Parece imposible, pero no lo es porque tenemos una aliada imbatible: la naturaleza. Sin ella no habrá vida y, tengámoslo por seguro, tampoco habrá negocio. No será fácil el reto de parar un tren desbocado (la pérdida de biodiversidad a cambio de ganancias inmediatas) y lograr incluso que retroceda. Nuestro planeta no tolerará más destrucción y pérdida de biodiversidad; de lo contrario, estaremos frente a un intento de suicidio colectivo. El cambio de conciencia y una nueva forma de trabajar la tierra va a llegar. La cuestión es, ¿cómo hacemos para acelerar este proceso?  

Biofincas tiene el compromiso de hacer incidencia efectiva en distintos niveles: gobiernos, empresas, compradores, comercializadores, productores y otros tantos que participan en las cadenas de valor agrícolas. Y lo hará construyendo una narrativa convincente que combine racionalidad ecológica y económica. La evidencia científica y empírica debe respaldar algo que sabemos todos: un mundo biodiverso es mejor para el mundo entero. Y también, si tan solo se tiene un poco de paciencia, para los negocios.  

Una labor de incidencia efectiva se construye a partir de argumentos sólidos, datos comprobables y capacidad de difusión. Biofincas, en esa lógica, se propone demostrar que, en el mediano y largo plazo, la biodiversidad paga; mientras que todo lo que la destruye, nos pasará una factura impagable.  

Participantes de la iniciativa en Guatemala.

Cambiar el horizonte de planeación de los empresarios y productores requiere conocimiento, financiamiento, tecnología, alianzas, pero sobre todo voluntad política y ética. Donde no hay voluntad de cambio, es mejor no entrar. No todos estamos dispuestos ni tenemos las capacidades ni medios para tomar riesgos, y quien se rezague quedará inevitablemente fuera del futuro.  

En este sentido, Biofincas también debe identificar a quienes sí desean emprender el camino de la transformación, pasar de la intención a la acción. El planeta nos pide un cambio a gritos, aunque muchos grandes actores financieros y empresariales han decidido ignorar las señales y taparse los oídos. El cambio será inevitable, aunque a algunos les convenga ignorarlo por ahora. 

El discurso de transformación no nacerá de un único gran descubrimiento, sino de mejoras sucesivas que se consolidan con el tiempo. La destrucción creativa siempre ha sido y seguirá siendo un proceso. 

Habiendo identificado a los aliados de Biofincas, la tarea será ponernos de acuerdo sobre la evidencia que juntos vamos a construir para estimular una transformación a escala planetaria. Se requieren los mejores laboratorios vivos donde sea posible experimentar para que, en condiciones óptimas, podamos tomar riesgos y avanzar en cambiar, aprendiendo colectivamente. Al principio, no debemos extrañarnos porque los cambios serán difíciles y traerán costos asociados. En estas circunstancias sería injusto que los pequeños productores asuman solos esta carga. Se requiere el apoyo gubernamental, la cooperación internacional y la participación de empresarios que intuyen o saben que su futuro está también en juego.  

Biofincas tendrá que priorizar algunos proyectos piloto, precisamente donde exista mayor voluntad de cambio y mayores posibilidades de éxito. No todos estamos preparados para el salto, y escoger a los mejores aliados será decisivo para construir evidencias transformadoras. Este es un viaje sin retorno para la humanidad: no cualquiera puede subirse a la primera nave, pero tarde o temprano nos tocará el turno a todos. 

Biofincas tiene también un rol singular: apoyar para que los proyectos piloto se ejecuten en las mejores condiciones y no fracasen. Cada fracaso significaría postergar el cambio. Los pilotos seleccionados deben tener una contribución directa al aumento de la biodiversidad, rompiendo con el monocultivo e introduciendo gradualmente otras especies de plantas que pronto traerán vida animal y restablezcan el recurso vital para la agricultura: el agua.  

El rol de Biofincas ante este desafío existencial es claro: liderar una incidencia en distintos niveles con aliados comprometidos, con base en evidencia empírica documentada sobre los beneficios de la biodiversidad sobre la agricultura, para el planeta, para la gente y también para sus finanzas. La construcción de evidencia contará con gente del propio proyecto, que apoyará con conocimiento y generación de alianzas estratégicas para que estos pilotos lleguen a puerto seguro.  

La comunicación y difusión de resultados biológicos y económicos será clave para impulsar esta cruzada: del monocultivo al cultivo biodiverso. El cambio es imparable, pero debemos acelerarlo. El planeta responde a fuerzas naturales que no dan espera.  

En cien años no habrá soledad…. o tal vez una soledad absoluta.  Esa decisión la estamos tomando hoy. 

Este artículo ha sido escrito por Fundación Capital, entidad que forma parte del consorcio implementador del proyecto BioFinCas.  


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